martes, 1 de septiembre de 2015

Las palabras jamás pronunciadas


Él la veía pasar todas las mañanas por el camino de adoquines que bordeaba la zona verde que se extendía delante de facultad. Mientras fingía leer unos apuntes o charlar animadamente con sus amigos, la observaba casi sin aliento:  la liviandad de su paso, su pelo a menudo alborotado por el aire, su sonrisa, siempre puesta. Parecía tan lejana, tan perfecta, tan inalcanzable. Hubiera querido decirle tantas veces que esperaba cada día en el mismo lugar para verla pasar, que deseaba tanto hablar con ella, pedirle que tomaran juntos un café... nunca lo hizo.

Ella aceleraba su paso siempre que se acercaba a la verde extensión de hierba en frente de su facultad. Su pulso, anticipando el momento, latía mas rápido. Podría haber cogido un camino más corto, pero anhelaba verlo cada día sentado allí, charlando con amigos o, en ocasiones, solo.. hojeando unos apuntes o un libro. Parecía tan cercano, tan humano, tan tangible.  Deseaba acercarse, sin mas,  preguntarle su nombre y decirle que le encantaría tomarse un café con él... nunca lo hizo.

El tiempo pasó pero ninguno pudo olvidar las manos que no entrelazaron, los besos que nunca se dieron, las palabras jamás pronunciadas.






Soledad



Las monjas debieron haberla llamado Soledad. Ellas le habían puesto Leonor, un nombre altisonante y pretencioso, mucho más adecuado para una niña de tirabuzones rubios de la alta sociedad. Soledad, sí,  sin duda, ese debió haber sido su nombre.

Ella había nacido sola. Su madre, una adolescente de un barrio marginal de Bogotá, había muerto En su lucha por sacarla al mundo, antes de que ella viese la luz, en un callejón oscuro cerca de un convento. Fue Sor Engracia quien se la encontró moribunda y llamó a los servicios médicos. Tras una carnicería sobre el cuerpo inerte de su madre, ella vino al mundo.

En el orfanato, siempre estuvo sola. Era morena y feucha… una más entre los tantos niños morenos y feuchos recogidos en aquel centro. No podía recordar una sola caricia, ni una palabra amorosa, aunque a ella, en su inocencia infantil y a falta de referencias, los parcos cuidados de las hermanas se le antojaban muestras de cariño.

Fuera del orfanato, su vida no fue mejor y acabó prostituyéndose por apenas unos pocos pesos para malvivir. Entre las chabolas y el hambre, la soledad se hizo notar aún mas.

Por eso, cuando nació su hija, morena y feucha como ella, tuvo claro como se llamaría. La dejó, envuelta en una manta sucia a las puertas del mismo convento donde ella creció. En un trozo de papel húmedo por las lágrimas, con su hosca caligrafía de analfabeta, escribió en letras mayúsculas SOLEDAD.


Coleccionista de recuerdos

Coleccionista de recuerdos

Como otros gustan coleccionar dedales o cajitas de porcelana, Eva, desde una tempranísima edad, empezó a coleccionar recuerdos. Los tenía de todo tipo... algunos muy pequeños, casi insignificantes, como el color del carmín de su madre o el tacto suave de la mantita de cuna que, antes de nacer,  le tejiera su abuela Isabel; otros, enormes, tanto que, cuando los quería recordar, ocupaban cada recoveco de su mente y le hacían imposible atender cualquier otra idea o pensamiento. Entre esos recuerdos, estaban su primer beso durante una noche de verbena en su pueblo o la última imagen de su madre con aquel vestido de lunares el día que decidió marchar para nunca más volver. Los clasificaba por olores, por colores, por sonidos y por sabores. Las risas compartidas con amigas en las tardes de domingo, el rítmico tañer de las campanas de la iglesia de su pueblo, el olor a pan recién horneado que inundaba su casa cada mañana, el sonido de las enaguas de su abuela al caminar por la casa, el color del cielo durante la puesta de sol o la dulzura de la miel robada directamente del panal…tantos y tantos instantes atesorados.

Sus recuerdos los llevaba consigo a todas partes, los buenos y los malos, los grandes y los pequeños, los más queridos y aquellos que desearía poder olvidar. Eran, todos ellos, reflejo de lo que había sido su vida. Nunca dejaba ninguno atrás, porque hasta de los recuerdos malos lograba sacar algo bueno.

Un día los recuerdos empezaron a desaparecer y Eva supo con certeza que alguien se los estaba robando. Con cada recuerdo robado, Eva moría un poco. Y así fue como, con el último recuerdo, el alma de Eva también desapareció. De ella quedó solo un cuerpo hueco, hueco como esas caracolas vacías que se encuentran en la playa cuando baja la marea.

viernes, 14 de noviembre de 2014

El secreto de la felicidad

¿Para qué vivimos? ¿Cual es en verdad el propósito de nuestra existencia? No tengo la respuesta y no sé si alguien la tiene en realidad, pero el otro día leí una frase que me pareció que se acercaba bastante a la esencia de lo que todos buscamos.

"El primer propósito del ser humano es ser feliz y el segundo hacer felices a los demás"

¿Realmente podía ser tan simple? Podía ser nuestro propósito fundamental ser felices? Pues si, yo creo que, sorprendentemente, es  así de simple. A partir de ahí, el punto de partida es que entendemos por felicidad. Falsamente, creémos que ser felices es conseguir  que todo sea como lo deseamos. Procuramos rodearnos de cosas que alimentan nuestra vida "perfecta". Ese viaje soñado, esa persona que nos complementa, ese coche, bolso o casa que finalmente será lo que nos traiga la felicidad definitiva. Por supuesto, todas esas cosas nos otorgan un pellizco de felicidad. Lamentablemente, son solamente momentos efímeros que se diluyen una vez conseguido ese objeto de deseo. Por eso, cuando veo gente que todo lo tiene y es infeliz o gente que no tiene nada y es absolutamente dichosa, pienso que tiene que haber otro secreto para ser feliz. Y creo que lo hay.

Cuando cada uno analizamos nuestra vida nos damos cuenta que nos la pasamos luchando contra las cosas "malas" o negativas que nos suceden. Las convertimos en problemas y nos enfrentamos a ellas como roca ante la ola, luchando por cambiarlas. Esa lucha es una fuente incesante de frustración, decepción, tristeza y,  al final, infelicidad. Al final, como la roca, acabamos erosionados.

La muerte de un ser querido, un amigo que te falla, un hijo que no "cumple" con aquello que tu habías planeado para el, una enfermedad, un revés en la economía familiar... Tantas cosas que pueden llegar a destruir nuestra felicidad! Pero, ¿ y si el secreto estuviese en la aceptación de esas situaciones y, una vez asimiladas, en convertirlas en algo positivo o en experiencias de las que aprender?

Por supuesto, lo malo que nos ocurre nos duele y es normal. Pero pasado ese periodo de dolor, aceptarlo y transformarlo en positivo nos dejará una paz que se asemejará bastante a la felicidad. Ese ser querido que se ha ido no ha vivido en balde porque nos ha dejado un recuerdo, ese amigo que te falló no era imprescindible y otros han llegado para llenar ese espacio en tu vida, ese hijo no nació para cumplir tus expectativas sino para ser él mismo y cumplir las suyas propias, ese revés económico te ha enseñado a dar importancia a las cosas que de verdad la tienen. Aceptar las circunstancias con valentía en lugar de resignación, nos impulsa a mejorarnos, a perdonar, a encontrar felicidad en todo lo que nos ocurre, aunque no sea aquello que inicialmente deseábamos.

La aceptación es sin duda la clave. Aceptarnos a nosotros mismos, con nuestra cosas buenas y malas, perdonarnos nuestras equivocaciones y seguir adelante habiendo aprendido algo de ellas, aceptar a los demás con sus circunstancias y sus errores pero valorando lo bueno que nos aportan, aceptar lo que nos llega y gestionarlo con positividad. Aceptar, aceptar y volver a aceptar.

¿Facil? Por supuesto que no! Imposible, tampoco. Y una vez conseguido el propósito de ser feliz, la segunda parte, esa de hacer felices a los demás, vendrá sola. Porque una persona feliz, trae felicidad a los que la rodean.


viernes, 6 de junio de 2014

La Tercera República

Estos días no se habla de otra cosa. Tras 39 años de reinado, Juan Carlos I abdica el trono en favor de su heredero el príncipe Felipe. Aunque se ha pretendido darle un aire de "normalidad", este suceso es un hecho histórico y genera muchas preguntas, consideraciones y, como no, polémica.

No había finalizado D. Juan Carlos su breve intervención y ya teníamos a Cayo Lara y sus acólitos pidiendo la cabeza del rey.. no literalmente, claro, pero más de una guillotina pudimos ver en esas manifestaciones convocadas por nuestra "progresía" . Al grito de "referéndum" se llenaron (aunque no mucho) algunas plazas de España y, aunque no me sorprendió, creo que hay varias consideraciones que hacerles a esos que opinan que  "soberanía del pueblo" significa lo mismo que "régimen asambleario" y me explico.

Estos señores esgrimen argumentos, como casi siempre, fáciles de rebatir.

 "Este rey no lo hemos votado". Error número uno. Este rey y la constitución española se votaron y aprobaron por una amplia mayoría. Una mayoría que incluía al PCE liderado por Santiago Carrillo, allá por 1978.

"La monarquía cuesta dinero al pueblo" Claro que sostener la monarquía lleva gastos, pero hay que recordar que la monarquía española es la más barata con diferencia de toda Europa y mucho más barata que la república francesa o la italiana. Por otra parte, el peso específico de la familia real en el mundo trae a nuestras "arcas" infinitamente más de lo que nos cuesta. La relación coste/beneficio es excelente, sin duda alguna. Desde luego, nos cuesta una ridiculez comparado con los mil millones que se han "perdido" en los ERES de Andalucía o en los falsos cursos de formación de nuestros sindicatos, pero esos "dineros perdidos" a ellos parecen no importarles.

"Exigimos un referéndum" Por supuesto, un referéndum sobre este tema y tantos otros (a mi me gustaría un referéndum sobre la ilegalización de partidos radicales, pero ese es otro tema) es viable y un derecho. Lo que pasa es que no basta con que unas miles de personas salgan a la calle para convocarlo. Hay vías democráticas para hacerlo. IU puede proponer un referéndum en el congreso y que se vote en sede parlamentaria. Si sale por mayoría, pues referéndum. Si no, pues a dejar de sacar guillotinas y quemar retratos del príncipe (un delito tipificado) y a respetar que los que quieren la monarquía son mayoría.

Y una última consideración. Una república tendría que estar representada por un jefe de estado..¿ A quién elegimos? Cuál de nuestros políticos os gusta mas para representarnos?.. complicado, no? Yo me quedo con Felipe VI, por su imagen, su preparación, su carácter, su educación... sin ser una  monárquica ferviente, creo que, en representación de España, nadie lo puede hacer mejor que él.

Don Juan Carlos ha traído a España el periodo más largo de prosperidad y paz de nuestra historia. Con sus fallos, que los ha tenido, lideró una transición ejemplar y atajó un golpe de estado sin derramar una gota de sangre. Creo que se merece un respeto por parte de una izquierda que cada vez se muestra más radical y menos democrática.

Recuerden los de las banderas tricolor, que toda bandera tiene una historia, un bagaje y que es conveniente informarse antes de ondearla.


domingo, 4 de mayo de 2014

La deuda

Todos nacemos con una deuda contraída. No hemos tomado la primera bocanada de aire y ya somos deudores de lo más importante que jamás tendremos: nuestra vida. Nueve meses hemos pasado en vientre ajeno, nutriéndonos, creciendo. Tras nuestra estancia, dejamos algunos desperfectos, varices, estrías y algún kilito de más, sobre una cintura que con total certeza nunca recuperará su tamaño de antes..

Debemos horas de dedicación, noches en vela, cuidados intensivos en madrugadas de fiebre, abrazos y besos, canciones de cuna y cuentos. Tardes eternas de deberes, fiestas de cumpleaños, consuelo de llantos infantiles.. el importe de la deuda se va haciendo inmenso, incalculable.

 Según pasan los años, sin ser conscientes de la gran deuda que acumulamos y entrando en la adolescencia, esa mujer que nos dio tanto nos da un poco de vergüenza ajena.. la queremos, claro, pero preferimos que no prodigue sus besos en público. Nos fastidia que nos espere despierta, que nos de la lata con los estudios y que nos someta a un "tercer grado" cada vez que salimos por la puerta. Le empezamos a ver defectos y somos críticos con ella.. al fin y al cabo, que sabrá ella de lo que nos pasa!

Pero la vida, que tarde o temprano pasa factura de todo,  llega un día para cobrarse esa deuda impagable y te regala un hijo propio. Y entonces , solo entonces, devuelves todos y cada uno de los sacrificios, de las horas sin sueño, de las preocupaciones y cuidados, del amor entregado sin esperar recompensa.

 Entonces te das cuenta de la gran deuda que has acumulado y tu madre se convierte en tu mejor amiga, tu consejera, tu aliada... y tu deuda queda saldada con cada instante que te olvidas de ti misma para dedicarte a tus propios  hijos.

jueves, 10 de abril de 2014

Poema del amor cotidiano

Lluéveme  despacio encima del alma, como haces siempre
susurra un  silencio que nada dice y dice todo, sabio, calmado, paciente,
Encadéname en tu abrazo, que no quiero ser libre, si libre es perderte.
Vive, respira y late  a mi lado, que amanecer no quiero si no estás presente.

Dame amores tercos de esos que nunca se dan por vencidos,
de los que escapan al tiempo y  atrapan el alma.
Dame amores de esos que enlazan  los días con besos prendidos
 y nunca se olvidan de sueños comunes nacidos al alba.

Quédate o llévame contigo, que no quiero mañanas si no estás aquí.
Abre la ventana y emprende tu vuelo, mas graba la senda que te traiga a mí.
Minutos, ni días, ni años los  quiero vacíos,
segundos, semanas, ni meses  los dejes baldíos.

que no quiero nada, nada me consuela si no estás aquí.